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sábado, 23 de mayo de 2015

Crisis en el Porfiriato.

Crisis económica-social

Al iniciarse el siglo XX el desarrollo económico del porfirismo perdió impulso, la tasa de crecimiento de la producción industrial disminuyó, los productos agrícolas como el maíz y el frijol aumentaron de precio, lo que redujo el consumo interno de la mayoría de la población hasta en un 57%. Naturalmente el mayor peso de la crisis lo resistieron los trabajadores.
Para 1905 el gobierno realizó una reforma monetaria, adoptando como respaldo de la moneda mexicana el patrón oro, antes había sido la plata, fijando la paridad en dos pesos plata por dólar, lo que equivalía a una devaluación del 50%, medida que provocó inflación, deterioro de los salarios y aumento de la deuda externa. Situación que aprovecharon los extranjeros para adquirir empresas y bienes raíces a muy bajos precios.
Sin embargo fue la crisis económica mundial de 1907 la que frenó el desarrollo del país. Iniciada en Nueva York, Estados Unidos, fue la primera crisis financiera del capitalismo moderno, las causas que la originaron fueron la ambición de los capitalistas, la especulación con las acciones de bancos, minas y ferrocarriles y la falta de regulación financiera, situación que provocó la reducción de los precios internacionales de las materias primas impactando las economías de los países menos desarrollados como México. En nuestro país, la crisis provocó aumento de los precios de los productos alimenticios y las materias primas, desempleo y miseria.
La situación económica afectó a las clases altas y medias (hacendados, comerciantes, rancheros e industriales), pero principalmente a las clases bajas, que como siempre, resistieron la crisis, agravándose los problemas sociales y políticos. Hacia 1907 muchas minas y fábricas textiles cerraron y despidieron a sus trabajadores. En el campo los conflictos se generaron por el deslinde de terrenos baldíos, la colonización, la desamortización de las tierras y el sistema de peonaje. En las zonas urbanas, aumentó el desempleo, la prolongación forzada de la jornada de trabajo, los despidos injustificados, la represión de los capataces. Pero a pesar de la represión y de las prohibiciones se organizaron importantes huelgas así como numerosos movimientos de rebeldía campesina, entre los que podemos mencionar a los Yaquis y Mayas.
Al igual que en los países industrializados surgió en México una lucha obrera por salarios dignos, descanso dominical, jornada de 8 horas, reglamentación del trabajo infantil y de la mujer, pago de indemnizaciones por accidentes laborales, entre otras demandas. Así ferrocarrileros, mineros, tabaqueros, panaderos, transportistas y trabajadores textiles formaron los primeros sindicatos desafiando la prohibición establecida por el gobierno. Entre 1900 y 1905 el número de huelgas fue de 29, y de 1905 a 1910 de 106, algunos de estos conflictos se convirtieron en verdaderas rebeliones, como la de los mineros en Cananea, Sonora y la de los obreros textiles en Río blanco, Veracruz.
Crisis política
La antidemocracia del gobierno porfirista reflejada en la centralización del poder político y económico, en la ausencia de partidos políticos, en la censura de los medios y sus constantes reelecciones, provocó la inconformidad de amplios sectores sociales, particularmente de los sectores medios urbanos y rurales.
La oposición más sistemática y radical desde 1900, se dio a partir del surgimiento del Partido Liberal Mexicano (PLM) y sus órganos de difusión como Regeneración, el magonismo como también se le conoce contó con la participación de los hermanos Jesús, Enrique y Ricardo Flores Magón, Librado Rivera, Antonio Díaz Soto y Gama, y un gran número de maestros, médicos, estudiantes, periodista, obreros, rancheros. En 1906 publicó el Programa del Partido Liberal Mexicano, cuya plataforma de reivindicaciones, constituyeron el contenido social de la lucha revolucionaria y los principios fundamentales de la constitución de 1917. El PLM también organizó los primeros levantamientos armados en contra del gobierno porfirista, sin embargo no fue la vanguardia del proceso revolucionario, debido a la fuerte represión que Porfirio Díaz ejerció en contra de este grupo.
En el grupo dominante se dieron importantes fracturas, la crisis económica y la falta de oportunidades políticas provocaron la ruptura entre el grupo financiero de la Ciudad de México encabezado por el ministro de Hacienda, José Ives Limantour, y el grupo de hacendados e industriales norteños que se aglutinaron en torno al general Bernardo Reyes. Ante la avanzada edad del presidente, el objetivo era obtener la vicepresidencia.
En 1907 el presidente Díaz concedió una entrevista al periodista norteamericano James Creelman, donde manifestó su intención de retirarse del poder y afirmó que el país estaba preparado para la democracia, por lo cual vería con agrado la formación de partidos políticos para participar en las elecciones de 1910. Estas declaraciones produjeron un intenso debate y la formación de varias organizaciones políticas para contender por la presidencia de la república.
Uno de los movimientos importantes, fue dirigido por el rico empresario y terrateniente coahuilense Francisco I. Madero, quien se convirtió en el representante de los intereses políticos de la burguesía terrateniente norteña y de la pequeña burguesía urbana. La formación del Partido Antirreleccionista con Madero a la cabeza, estableció un programa liberal democrático cuyos puntos fundamentales fueron la no reelección y el respeto al sufragio efectivo, con los cuales logró conjuntar amplios sectores de la población. La prensa fue el medio más importante para difundir su campaña, recibiendo el apoyo de los periódicos El Antirreleccionista, el Constitucionalista y Nueva Era, y en 1909 fundó el periódico El Demócrata.
Debido a sus importantes recursos económicos y al apoyo de Estados Unidos, Madero se convirtió en el principal peligro para Porfirio Díaz, publicó en 1909 el libro La sucesión presidencial de 1910, donde criticó a la dictadura porfirista y ante el fraude de las elecciones de 1910, Madero dio a conocer el Plan de San Luis, donde invitó al pueblo de México a levantarse en armas en contra del gobierno, iniciando así la lucha revolucionaria.

lunes, 18 de mayo de 2015

Economia


En el Porfiriato se dieron grandes transformaciones económicas propiciadas por la inversión extranjera, principalmente estadounidense y europea. México creció en gran medida gracias a estas inversiones, que consigo trajeron infraestructura para ferrocarriles y medios de comunicación como el teléfono, el telégrafo y la electricidad.

El comercio fue una de las actividades económicas que más crecieron durante el Porfiriato. Se suprimieron las alcabalas y el gobierno se encargó de fomentar el comercio exterior, que alcanzó niveles nunca antes vistos desde 1805. El aspecto negativo de esto fue el crecimiento de las importaciones de productos elaborados con alta calidad, por lo que la balanza de pagos creció desfavorablemente a México. La industria siguió en el primer puesto de exportaciones mineras y además inauguró otros rubros como la industria siderúrgica, la de transformación, la textil y la industrial. Las ciudades que más crecieron fueron Puebla, Guadalajara y Monterrey. 

La existencia de terrenos baldios cuyos títulos otorgados en la Colonia no se reconocieron propició que muchas de ellas pasaran a manos de las familias más poderosas del país creando latifundios. Más de 30 millones de hectáreas constituyeron haciendas en el norte y en Quintana Roo. Los latifundios fueron la base de la economía del país y una de las principales causas de la Revolución mexicana. 

Con el porfirismo la economía mexicana entro en la fase capitalista; sus diferentes áreas de producción fueron incorporadas, en mayor o menor medida, al sistema económico de los países industrializados. 

México tuvo que depender de los países desarrollados para integrarse al proceso capitalista de producción. 

Dicha dependencia se baso en la inversión de capital y tecnología que los empresarios extranjeros -estadounidenses, ingleses, alemanes y franceses - hicieron en México. 

Mas había otro interés que impulsaba a las potencias industrializadas a invertir en países como México, ricos en recursos naturales pero pobres en dinero y tecnología. Ese móvil era de carácter político y obedecía a la competencia imperialista que se daba entre las potencias por el dominio del mundo. 

La inversión de capitales y tecnología en México resultaba en provecho de la economía. Si antes no se habían interesado en México, era porque la inestabilidad política del país no garantizaba la seguridad que exigían para sus capitales y las vidas de sus hombres.