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sábado, 23 de mayo de 2015

Fin del Porfiriato

La situación que se vivía en México en 1910 no era muy diferente a lo que se vivía en la época colonial cien años atrás: Un pequeño grupo controlaba la industria y el comercio mientras la mayoría vivía en la pobreza; no había elecciones libres ni manera en que los ciudadanos participaran en la vida política del país. La diferencia la hizo en 1910 una pequeña clase media que estaba dispuesta a pelear y comandar una rebelión; esta vez no contra un dominio extranjero sino contra un dictador, el general Porfirio Díaz.
Francisco I. Madero, quien fue célebre por sus escritos revolucionarios y candidato a la presidencia de la república en 1909, proclamó el Plan de San Luis que decía: “El 20 de noviembre, desde las seis de la tarde en adelante, todos los ciudadanos de la República tomarán las armas para arrojar del poder a las autoridades que actualmente nos gobiernan”.
Este llamado fue atendido por muchas personas que a falta de armas empuñaban instrumentos de labranza y se iban a “La bola” como se conocía al movimiento. En las siguientes semanas surgieron revueltas en todo el país notablemente las que tenían como líderes a Emiliano Zapata en Morelos y a Pancho Villa en Chihuahua. Las mujeres, que se unían a la lucha siguiendo a sus maridos o a sus padres fueron parte importante de la revolución, se dedicaron a ellas corridos como Adelita, Valentina y La rielera.
Aunque Porfirio Díaz abandonó el país rumbo a Francia en mayo de 1911 donde murió en 1915. 

Huelga de Cananea

La Revolución Mexicana fue producto de un ambiente de crisis política, económica y social; y las circunstancias que en ese tiempo vivían los obreros mexicanos eran casi intolerables: jornadas de trabajo extenuantes, tiendas de raya, reglamentos absurdos y salarios insuficientes.
Para ese tiempo, la empresa estadounidense Cananea Consolidated Copper ubicada en Cananea, Sonora, tenía más de 5 mil trabajadores mexicanos y poco más de 2 mil norteamericanos, cuyas condiciones de trabajo eran sumamente diferentes.
La miseria, explotación, desigualdades sociales y las injusticias en las que vivían los trabajadores mexicanos, provocaron que el  1º de junio de 1906 se manifestaran en huelga.
Esto sucedió aún cuando en el régimen de ese tiempo, el de Porfirio Díaz, no existía el derecho de huelga, lo que hacía de este hecho en sí, un acto revolucionario, considerado fuera de la ley.

El movimiento fue encabezado por los líderes obreros Manuel M. Diéguez y Esteban Baca Calderón, y aunque en general, no estaban armados, sí mostraban de manera efervescente su descontento con las condiciones en que trabajaban, y exigían un mejoramiento económico y social; además de un reconocimiento legal a sus reivindicaciones.
En primera instancia los obreros hicieron una lista de peticiones; como no les funcionó, realizaron una marcha en la cual fueron agredidos con armas por dos estadounidenses, lo que provocó, primero, que ellos reaccionaran violentamente y segundo, la intervención del Gobernador Rafael Izábal, quien se hizo acompañar por los famosos rangers de Arizona, grupo armado que comenzó una brutal lucha el 2 de junio, cuya consigna era matar a todo aquel huelguista que pusiera objeción.
Para el 3 de junio el movimiento estaba casi controlado, los líderes mineros Ibarra, Gutiérrez de Lara, Diéguez y Baca Calderón fueron acusados de socialistas, apresados y llevados a San Juan de Ulúa, donde vivieron años de cautiverio.
El 4 de junio las actividades mineras regresarían casi a su normalidad; los trabajadores fueron sometidos pero se había dejado ver ya, el primer viso de la Revolución. En adelante, por todo México empezaron a proliferar organizaciones con la intención de convertirse en sindicatos y comenzaba así a gestarse la revolución.
La Huelga de Cananea representa en estricto sentido el primer movimiento obrero de importancia, razón por la que muchos consideran a Cananea, la cuna de la revolución.